Ayer mi dueña me trajo una gran sorpresa. Sabiendo cómo soy yo de golosón, vino con una deliciosa tarta. Claro que... No todo era tan fácil como parecía al principio.
Nada más saber la noticia, corrí hacia la nevera buscando mi delicioso postre. Huevos, mantequilla, carne, leche, fruta, ketchup... Mi tarta no estaba. Claro que... ¡bien podría tratarse de una tarta helada! Croquetas, pescado, pizzas, helados... Nada, la tarta no estaba. Andaba yo ya ofuscado por la broma que me había gastado mi ama, cuando ésta llegó. Resulta que sí, había, pero con condiciones. No venía hecha, sino que la teníamos que hacer nosotros.
Así pues, preparamos los ingredientes, abrimos la caja para hacer la tarta, preparamos los platos y recipientes necesarios y nos pusimos manos a la obra. Los primeros pasos eran peligrosos para un conejote torpe como yo, por lo que mi dueña no me dejó meter las manos en estas cositas. Había que poner el fuego o utilizar la batidora (con esas cuchillas tan afiladas y peligrosas que tiene). Una vez pasó ésto, yo me encargué de expandir la base de la tarta, de preparar y echar la crema y polvorear la cubierta. Claro está, que un conejote tan golosón como yo se pasaba todo el rato metiendo las maninas para ver a qué sabia todo, por lo que me llevé más de una regañina por parte de mi ama. Una vez terminada la tarta, quedó una cosita así:
¿Tiene buena pinta eh? Recogimos los utensilios utilizados y recogimos los ingredientes que sobraron, y por la noche, nos la comimos. No no nos duró ni dos minutos (a mí aún menos). ¡Qué rica estaba! Se ve que todo el esfuerzo que derroché en prepararla, multiplicó luego su sabor.
Luego cómo no y para hacer la digestión, pusimos una peli. Vimos la de "Tiana y el Sapo", y como no era muy tarde, la de "Enredados", pelis de dibus que tanto me gustan. Al final como se hizo tarde, nos fuimos a dormir, aún con el regustillo a tarta en nuestros paladares.
¿Tiene buena pinta eh? Recogimos los utensilios utilizados y recogimos los ingredientes que sobraron, y por la noche, nos la comimos. No no nos duró ni dos minutos (a mí aún menos). ¡Qué rica estaba! Se ve que todo el esfuerzo que derroché en prepararla, multiplicó luego su sabor.
Luego cómo no y para hacer la digestión, pusimos una peli. Vimos la de "Tiana y el Sapo", y como no era muy tarde, la de "Enredados", pelis de dibus que tanto me gustan. Al final como se hizo tarde, nos fuimos a dormir, aún con el regustillo a tarta en nuestros paladares.
