El otro día, mi dueña vino a casa con un papel. Venía muy ilusionada, y extrañado que alguien se alegre por tener un trozo de papel verde pintado, le pregunté qué era. Me dijo que se trataba de un billete de Lotería de Navidad. La Lotería consiste en que unos niños, sacan bolas, y si coincide con los números de nuestro billete ¡nos toca un gran premio! Pero había que esperar al día del sorteo, por lo que el billete para lo único que me sirvió a mí fue para ponerme nervioso e impaciente hasta que llegara el día...
Y al final, llegó el tan ansiado día. Por la mañana tempranito, nos levantamos y nos fuimos a ver el sorteo por la televisión. Empezó, y las distintas parejas de niños iban diciendo los números que salían y su correspondiente premio, con una melodía muy pegadiza. Mi ama apuntaba todos los números que salían, mientras yo le repetía en los que se confundía. Al poco tiempo, la cancioncilla de los número cambió, y era porque había salido el primer premio, "El Gordo". Mi dueña me explicó que no todos los números tenían el mismo premio, y no en todos tocaba algo. Así, emocionado con este nuevo número, fui corriendo a buscar nuestro billete, y con él en mano pudimos comprobar cómo no nos había tocado nada; por lo que volví a mi cómodo sillón, esta vez, número en mano.
Con cada premio que salía, nuestra ilusión iba decayendo. Poco a poco, los niños cambiaban el ritmo para anunciar una nueva cantidad distinta y más alta. El segundo... el tercero... los cuartos... los quintos... Cuando acabó, no nos había tocado nada. Pero bueno, es lo que tiene un juego, que a veces se gana y a veces se pierde, y esta vez, nos tocó a nosotros el sabor agridulce de no ganar...
De todas formas, me dijo mi dueña que dentro de poco se iba a celebrar otro sorteo importante: El del Niño, por lo que no teníamos que desanimarnos, que tal vez en este nuevo, tocara algo.
Y si no toca, pues mala suerte. Al menos a mí me ha servido para emocionarme una mañana y pasarlo bien.
